¿Quién marca las líneas rojas del movimiento 15M?

 “Lo de Barcelona no fue el 15M, sino una manifestación antisistema”, Ramón Jáuregui, ministro de la Presidencia

“Sucesos como el de Cataluña pueden acabar con el movimiento 15M”, Manuel Chavez, vicepresidente tercero del Gobierno

“Si el Movimiento del 15-M hubiera identificado dos o tres objetivos dando un carácter exclusivamente pacífica a sus movilizaciones se hubiera excluido la cantidad de disparate que estamos viendo y que preocupa a los que lo pusieron en marcha”, Felipe González ex-presidente del Gobierno

Junto a estas declaraciones de miembros del Gobierno y de algunos que piensan que aún lo son, están las de Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya afirmando que con la acción frente al Parlament los indignados habían traspasado todas las líneas rojas.

El problema, creo yo, nace en el momento en el que se llega a un consenso con el Gobierno y los grupos mediáticos alrededor de la idea de “pacifismo”. Con sus declaraciones y el papel desempeñado a partir de la acción en el Parlament los primeros han dejado claro que para ellos el movimiento del 15M era tolerable en la medida que se tomase “pacifismo” como, no sólo en el no uso de la violencia física, sino además en el respeto a las leyes, a la legalidad del actual sistema y a todo que no supusiese traspasar “las líneas rojas” que el propio Gobierno, con sus partidos de la oposición y los grandes medios de comunicación, habían consensuado por cuenta propia sin el movimiento, pero como con él.

En el otro lado, el movimiento 15M, al avanzar en su programa, se ha topado con la realidad: hablar de justicia social y de regeneración democrática en las calles y plantear acciones que fuesen en esta dirección tenía que suponer necesariamente romper ese consenso impuesto por el poder en torno a la idea de “pacifismo”. Así, el movimiento 15M, al cuestionar la legitimidad de los representantes políticos en los Parlamentos, avanza hacia la desobediencia civil pacífica (renegando en todos sus comunicados de la violencia física) puesto que sus acciones, para mantener una coherencia con su discurso, exigieron primero desobedecer a las Juntas electorales en las jornadas de reflexión, desobedecer las ordenanzas cívicas que en muchas ciudades prohíben permanecer en un mismo lugar a grupos mayores en número a 19 personas, desobedecer el Código Penal que prohíbes las manifestaciones o concentraciones en Ayuntamientos o Parlamentos en las jornadas de investiduras o en las sesiones municipales o parlamentarias.

Imágenes de los policías infiltrados en la manifestación del movimiento 15M frente al Parlament. Muchos apuntan a que fueron ellos quiénes comenzaron los enfretamientos con los mossos. El vídeo está rulando por la red gracias a la actividad de los usuarios, porque desde ayer aparece y desaparece "extrañamente" de youtube. Casi ningún medio de comunicación se ha hecho eco de este vídeo o ha investigado sobre el mismo.

Estas acciones suponen pues una violencia simbólica en tanto que se ocupa un espacio físico público desafiando la legalidad, la legitimidad y representatividad de un grupo de ciudadanos con cargos electos (según los cánones del discurso oficial). Y es hasta aquí donde el Gobierno, oposición y medios de comunicación trazaron las líneas rojas y son estas líneas rojas las que el movimiento 15M ha traspasado y ha situado en otro lugar.

La clave, creo, está en tener claro cuál es el papel del Estado en la sociedad de clases. Artur Mas, Puig y el resto de cargos electos que hasta hoy toleraban el movimiento 15M lo tienen claro: el Estado tiene el monopolio de la violencia y ellos están dispuestos a usarla llegado el caso. Da igual que las acciones del movimiento 15M sean masivas y que entre el 66% y el 80% (según qué encuestas) de la población simpatice con el movimiento; da igual que el movimiento 15M haya condenado los actos de violencia física cometidos por unos pocos (muy minoritarios en proporción con el resto del movimiento); y da igual que la acción masiva y pacífica del movimiento 15M frente al Parlament de Catalunya estuviera motivada porque en su interior, se fueran a aprobar unos recortes sociales brutales a espaldas incluso de sus electores, ya que estos recortes no formaban parte ni del programa ni de la propaganda electoral de los partidos que los han aprobado, pero sí estaban en el programa (y aprobados la semana pasada) de la Comisión europea. Secuestrada la soberanía nacional por el mercado y las instituciones financieras internacionales, ¿de qué legitimidad y de qué democracia nos hablan el Gobierno y el Parlament?

Vídeo de la carga policial en Valencia. Fijaos en el señor calvo de la camiseta roja. Otro infiltrado provocando. Tampoco ha tenido difusión en los medios.

Estamos pues ante un choque de legitimidades y ante una fuerte crisis de representación del sistema que ni la excusa (que sirve a su vez para absolver a imputados por casos de corrupción) de los votos puede salvar. El movimiento 15M entra, en mi opinión, en una nueva fase a partir de los hechos ocurridos frente al Parlament. Una nueva fase que los medios y el poder político pretenden focalizar en un debate falso que no se da dentro del movimiento (puesto que éste ya tiene claro este punto) entre violentos y pacifistas. No, el debate no está ahí. La nueva fase plantea ahora nuevos retos, y ha sido el propio poder el que nos ha marcado los puntos claves del debate: qué legitimidad le queda al sistema, qué papel va a jugar el Estado en este conflicto, y cómo se sitúa el movimiento 15M en su confrontación con el mismo. Obviar esto sería derivar al movimiento a un clamor de protestas fácilmente asumible por el sistema o, como mucho, a convertirse en un lobby, un “Pepito Grillo” del Gobierno. Ambas soluciones me parecerían haber derrochado mucha fuerza y energía para acabar en el siempre recurrente “cambiarlo todo para no cambiar nada”.

Es el propio movimiento el que tiene que marcar sus líneas rojas, no el Gobierno y sus aliados.

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Acerca de levbornstein

Todo "acerca de mi", está en el libro autobiográfico "Mi vida", de León Trotski.
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